Historia del Ajedrez Viviente por José Mª Dopino |
||
Análisis sobre las partidas de Ajedrez Viviente Por José María Gutiérrez Dopino
AJEDREZ VIVIENTE Constituye la forma más aparatosa y brillante de jugar ; por medio de ella, el ajedrez alterna y rivaliza con los espectáculos propios para los grandes públicos, tales como funciones de teatro, conciertos, etc. Una sesión de ajedrez viviente es una fiesta muy hermosa y culta, que revela gusto refinado en el público que acude a presenciarla. Es asimismo muy a propósito para el fomento del ajedrez; pero no conviene repetirla demasiado, porque su interés decae pronto. Para organizarla se necesitan principalmente dos personas, a saber: un director artístico para la ornamentación de la sala, trajes de los figurantes y exhibición del espectáculo, y un ajedrecista para lo referente a la partida. Respecto a ésta, lo mejor es reproducir una clásica, una de esas magnificas obras que debemos a los grandes maestros. Así se consigue, por una parte, entusiasmar a los espectadores presentándoles jugadas geniales y combinaciones grandiosas, y por otra parte, que la duración del espectáculo no sea desmedida. Además, se puede ensayar la representación. Al contrario, jugando de verdad una partida por dos buenos ajedrecistas que se valgan de las personas disfrazadas igual que si fuesen las piezas de madera usuales, nadie es capaz de afirmar si tendrá lances interesantes, ni si será de corta duración; se ha de contar, porque es lo general, en que la partida será sosa y larga; y en consecuencia, el público se aburrirá lindamente y no saldrán bien puestos por su crítica ni los organizadores de la fiesta, ni el mismo juego de ajedrez. En el extranjero se dan con bastante frecuencia estas partidas; en España, la primera vez que en nuestros tiempos se han presentado fué en Barcelona, con motivo de las fiestas que se hicieron en septiembre del año 1904, y uno de cuyos números consistió en una sesión de ajedrez viviente. El iniciador de la misma fué el concejal Francisco Cambó, y de su ejecución se encargaron el escenógrafo Olegario Junyent y el problemista Valentin Marín. Tuvo lugar la función en el gran salón central del Palacio de Bellas Artes, que fué decorado con profusión guirnaldas, plantas y flores y alumbrado con innumerables lámparas eléctricas : el efecto era sorprendente. En el centro del salón se instaló un tablero muy grande, cuadriculado de blanco y rojo, y a corta distancia estaban los dos jugadores que conducían la partida ante un tablero usual. Junto a ellos se dispuso un tablero de 64 llaves, cada una de las cuales servía para dar y cerrar paso a la corriente eléctrica de una lamparita de incandescencia, que estaba situada debajo de la casilla correspondiente del tablero grande, en donde debían evolucionar las figuras vivas. Con tal disposición, al dar la vuelta a una llave, se abría la corriente eléctrica, la lamparilla oculta se iluminaba, y en el tablero grande aparecía un resplandor en la casilla correspondiente a la llave, a causa de haber un vidrio grueso en su centro. La persona que manejaba las llaves, abría o cerraba éstas de conformidad a las jugadas que los dos jugadores hacían en el tablero pequeño. Todo esto estaba medio oculto por arbustos y flores; detrás había la banda municipal, que ejecutó algunas piezas de música durante la representación. Cerca de las 10 de la noche unos heraldos a son de trompetas anunciaron la entrada de las piezas en el salón . Los peones eran niños ; los Reyes, dos mocetones ; las Damas, dos arrogantes señoritas, y las Torres, Alfiles y caballos, niños y niñas algo crecidos. Todos ellos iban vestidos con ricos y elegantes trajes chinos, algo caprichosos, de color blanco los unos, y rojo los otros. Llevaban en la mano una vara larga que remataba con una pieza usual de madera, igual a la que desempeñaba el figurante. Los dos bandos, blanco y rojo, precedidos cada uno de un heraldo, trompetas y portaestandartes, y seguidos de un pelotón de soldados que vestian trajes de fantasía e iban armados de lanza, se presentaron en el salón entrando por puertas distintas y avanzando pausadamente al compás de una marcha que tocaba la banda; evolucionaron alrededor del tablero, y por fin, entraron en el mismo para ocupar cada pieza su casilla correspondiente. Esta escena constituyó una nota pintoresca y animada, que arrancó del público un nutrido aplauso. Situados los dos bandos frente a frente, se saludaron, y previo un toque de clarines, empezó la partida. Las jugadas las hacian Valentin Marín y otro ajedrecista en el tablero pequeño, y se transmitian al grande mediante el artificio de corrientes eléctricas ya explicado ; para ello, se iluminaba primero la casilla ocupada por la pieza que había de jugar, y al ver el niño la luz en sus pies, se apercibía a moverse ; después, se iluminaba la casilla a donde debía situarse y se apagaba la primera ; el niño entonces se dirigía a la nuevamente iluminada, con lo cual hacía la jugada. Éste procedimiento para indicar las jugadas fué invención del mencionado Sr. Cambó, y según nuestros informes, no se había empleado todavía en ninguna de las muchas sesiones de ajedrez viviente que se han dado en el extranjero. Los jaques se avisaban mediante un fuerte toque de clarín. Cada vez que ocurría la captura de una pieza, la capturadora, al encontrarse con la otra en una misma casilla, le ponía la mano en el hombro; la pieza tomada hacía reverencia en señal de acatamiento, y al instante entraban en el tablero dos soldados del bando de la pieza capturadora y se llevaban presa a la otra. Al dar mate, la banda rompió en una serie de aordes brillantes que terminaron con marcha triunfal, mientras el bando vencido hacía profunda reverencia al vencedor, y salía éste del tablero seguido de aquél. El público se interesó vivamente por la partida, como lo probó el que las buenas jugadas eran recibidas con murmullos de aprobación, seguidos muchas veces de una estruendosa salva de aplausos. Entre los espectadores, se veían bastantes que provistos de tableros de bolsillo, iban reproduciendo la partida. Al terminar ésta, las aclamaciones del público fueron unánimes y entusiastas. Hubo un cuarto de hora de descanso o intermedio, y después, a manera de fin de fiesta, se jugó otra partida, corta y brillante. La primera fué reproducción de la famosa jugada en el torneo Nueva York de 1889 entre Max weiss y Pollck, y que fué ganada por el último. La segunda fué una jugada por Morphy dando de ventaja la Torre de dama a un aficionado. En resumen, la fiesta resultó espléndida, de caracter distinguido, aristocrático. La concurrencia fue tanta, que quedaron ocupadas todas las localidades, y en vista de que muchas personas no pudieron presenciar el espetáculo, la comisión organizadora acordó repetirlo el día siguiente.
Seguimos con partidas Vivientes de Ávila y Salamanca.
Y ahora continuamos con la partida de Ajedrez Viviente del pueblo de Ströbeck ( Alemania ), la cual se juega desde 1688. Quizás la más famosa de todas es la partida de Ajedrez Viviente de Marostica ( Italia ), en donde se juega desde 1454 !!! El espectáculo es el más famoso, siendo visitado por aficionados de todas partes del mundo. Nuestro amigo de CAPEA, Javier Asturiano me informó sobre que la Partida de Ajedrez Viviente más antigua la jugaron los árabes en Granada en el siglo XI. La primera partida de Ajedrez Viviente que muchas referencias sitúan en Granada en 1408, podemos añadir que usualmente se menciona en las mismas al "sultán o rey Mohamed" en cuya corte se celebró dicha partida. |